“Pero… y ¿cómo lo hacemos ahora?” – Me preguntó una paciente que, tras una oportunidad laboral, decidió trasladarse a otra parte del mundo. Mi respuesta fue simple: “Te propongo que intentemos vernos online”.
Desde el descubrimiento del inconsciente freudiano (1900) hasta los actos analíticos, que rompieron la rigidez del diván, de Lacan (1950), el psicoanálisis ha sobrevivido a los avatares del tiempo y a la inflexibilidad de ciertos círculos de poder. Hoy, la tecnología se pone al servicio de la salud mental, en un espiral de hipermodernidad que nuestra disciplina no puede quedar exenta.
La presencialidad es simbólica, no solo física
La experiencia pandémica nos dejó una gran lección, la presencialidad no es sólo física, sino simbólica y atencional. En este sentido, el encuentro terapéutico no habita en las paredes de un consultorio. Habita en la transferencia que se genera a través de la escucha y la mirada, incluso cuando están mediadas por una pantalla.
«La terapia online es un acto clínico completo y profundo, con los mismos efectos terapéuticos que la presencialidad tradicional.»
El «encuadre» en la era digital: Un refugio virtual
En psicoanálisis, el encuadre (reglas, tiempo, pago) es lo que sostiene la cura. Para trasladarlo a la virtualidad, nos apoyamos en dos premisas básicas:
- La primacía de lo simbólico: Cuando un paciente habla desde su habitación, su oficina o incluso su auto, el entorno físico pasa a un segundo plano. Lo que cobra volumen es su discurso.
- La pantalla como puente: Una pantalla no es un muro; es un espejo donde el inconsciente se despliega con la misma intensidad que en una consulta física. Sólo hay que saber leerlo, y esa es tarea nuestra.
“¿Cómo te sentiste en esta nueva modalidad? (le pregunto a mi paciente al finalizar la primera sesión online) – ¡Excelente! Fue como vernos en la consulta”.
La palabra no conoce distancias
La terapia no sucede en un consultorio ni en una pantalla, sino en el espacio que se construye entre paciente y analista. Muchos de los grandes avances ocurren en el «entre-sesiones», cuando el paciente regresa diciendo: “hubo algo que me quedó dando vueltas”. Ahí, en la apertura a los efectos terapéuticos, es donde ocurre el cambio.
La virtualidad nos desafía a redefinir el concepto de cercanía. Procesos como los vividos en la pandemia, nos hizo una invitación a entender que el ser humano es, ante todo, un ser de lenguaje.
En NeuroAnalítica, nuestra modalidad online honra esta premisa: si hay una palabra que busca ser dicha y una disposición a una escucha analítica, la terapia está ocurriendo. La verdadera distancia no la marcan los kilómetros, la marca el entendimiento y la comprensión.
La tecnología es solo el puente; lo que realmente transforma es nuestra conversación.
Ya sea que nos encontremos cara a cara en nuestra consulta o a través de una videollamada, nuestro compromiso con tu proceso y bienestar permanece intacto.
¿Te gustaría dar el primer paso?
Te invitamos a agendar una sesión inicial en NeuroAnalítica para experimentar cómo la distancia física no es un obstáculo para una conexión profunda y sanadora.
